domingo 22 de julio de 2007

La jungla de asfalto

Los ayuntamientos deberían plantearse seriamente el estado del pavimento de las calles. Ayer paseando con unos de mis zapatos preferidos de tacón tropecé con una baldosa, intenté mantener el equilibrio pero ahí estaba en el suelo con una herida en la rodilla derecha y un zapato destrozado. Una señora muy amable me ayudó a levantarme y me dijo que hacía meses que esa baldosa estaba rota y que no era la primera persona que tropezaba. Oí que alguien comentaba que la culpa era de los tacones que usábamos algunas mujeres, a lo que respondí con furia que no tenía nada que ver y que yo como cualquier ciudadano tenía el derecho de vestir y calzar como quisiera y la administración el deber y obligación de mantener, revisar y reparar nuestras calles. Estaba muy enfadada y disgustada por la pérdida tal vez de mis zapatos, los llevé a remendar al zapatero y no me dio muchas esperanzas, el próximo martes sabré algo.
Cuando volvía hacia casa -antes me compré unos topolinos muy monos, tenía que hacerme un regalo después del percance- , empecé a fijarme en el estado de las aceras y la poca accesibilidad para las personas con minusvalía, para los bebés en sus cochecitos, para los carros de la compra y para las personas mayores, es muy triste que en ciudades que se suponen que son modernas y avanzadas exista tan poca conciencia.